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Cena de Domingo en Le Marais (y 2)

mayo 22, 2008

(continuacion de esto)

Nuestros compañeros de mesa enseguida se presentan y tratan de entablar conversación. Son dos franceses y un americano de unos cuarenta años,  bastante bien vestidos, uno de ellos demasiado bien vestido. La conversación se desarrolla en varios idiomas, español, francés y sobre todo inglés.

 

El americano resulta ser un consultor que trabaja para distintos bancos en Europa y nos cuenta cosas interesantes sobre las operaciones financieras de los últimos meses, entre ellas la compra de ABN Amro por parte de Royal Bank of Scotland, Santander y Fortis Bank. Como acudo con frecuencia a la clase de M. Boissieu sobre mercados financieros puedo seguir la conversación a duras penas y quedar más o menos bien.

 

No sé si es porque somos capaces de hablar de distintos temas, de mantener conversaciones más o menos cultas o por nuestras pintas de veinteañeros rebeldes con ínfulas de intelectuales por lo que distingos monsieurs demuestran un cada vez más patente interés sexual. A pesar de mentar a nuestras chicas en un par de ocasiones con la clara intención de dejar clara nuestra inclinación hacia el sexo femenino, no dudan en intentar algo con nosotros, todo hay que decirlo, muy educadamente.

 

La verdad es que la peor parte le toca a Bruno, ya que el francés demasiado bien vestido resulta ser un sobón sin clase, defensor de la Monarquía absoluta que se ofende porque en su selección nacional no juegan franceses, ya que son todos africanos. Resulta curioso tener esas ideas políticas siendo gay, pero cosas más raras se han visto. En fin, un tipo que intenta ser un provocador pero que lo único que consigue ser es un pedante que da bastante pena.

 

Yo estoy sentado al lado del yanqui que también resulta ser homosexual. Este, sin embargo resulta ser gracioso, todo un genio. Lapidaria su forma de intentar conseguir algo conmigo. Al acabar de cenar me dice: “sé que aquí en Europa habéis dejado todos de fumar, pero yo sigo necesitando un cigarrillo después de cenar.” “Mueve tu culo para que pueda salir, ya te pediré que lo muevas luego otra vez.” Todo ello acompañado por una sonrisa irónica.  Teniendo en cuenta que me tendría que volver a mover para dejarle entrar la frase adquiere un doble sentido que hace que no sea ofensiva. Un tipo alegre y divertido con un puestazo en una de las mayores consultoras americanas. En ese momento lamentamos que en vez de tres hombres no hubieran sido tres cuarentonas recién divorciadas y reconocemos que los gays se lo pasan mucho mejor y tienen menos prejuicios a la hora de ligar.

 

Con los estómagos llenos y tras dos horas de agradable conversación sobre nuestros países, política, periodismo y los motivos que nos llevan a encontrarnos en París salimos satisfechos del restaurante convencidos de que Le Marais es el único reducto de vida social de esta ciudad.

 

 

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porque hay cosas de Madrid que siguen echándose de menos.

 

 

 

Cena de Domingo en Le Marais (1)

mayo 19, 2008

 

Tarde de domingo en París. Bruno, un amigo suyo y un servidor decidimos que el domingo no es buen día para estudiar y quedamos en Place Monge a media tarde. Tras un té con pastas en la terraza de la cafetería de la mezquita (visita recomendada), se nos presenta el momento de tomar la decisión de dónde ir a cenar. Después de discutir la posibilidad de ir a distintos sitios nos decidimos a ir “al de la carne”, que es un pequeño bistró típico en el que hay pocas mesas que los clientes comparten.

 

El restaurante en cuestión se llama “Robert et Louise”, lo que da idea de lo familiar que es el sitio. Se encuentra en Le Marais, el barrio gay de París. Hay que reconocer que en este muerto París el único barrio con ambiente (en todos los sentidos de la palabra) es este, que a mi entender es bastante más grande que Chueca y donde se ve gente por las calles en horarios españoles, es decir, después de las diez de la noche.

 

Entramos en el “restó” y el camarero ya tenía preparada nuestros sitios. Tres cubiertos en una mesa de seis por lo que, como ya teníamos descontado, tenemos que compartir mesa. Esta costumbre la he observado en bastantes otros sitios de Francia y me parece de lo más saludable, compartir mesa con desconocidos es una buena forma de conocer gente y tener una comida agradable. Mi tío me contaba que cuando era hombre de negocios era normal hacerlo, pero en España nos estamos volviendo cada vez más señoritos, ya no se comparte mesa ni para las tapas en La Latina.

 

“El de la carne” recibe dicho sobrenombre porque hacen una suculenta carne al horno de piedra, todo cocinado delante del cliente, faltaría más. Buena comida a precios bastante asequibles. Tienen diferentes entradas entre las que destaca el Boudin, que es una especie de morcilla que, como diría el clásico, “quita el sentío.” Como plato principal se suele pedir o costilla de buey o entrecot, a pedir poco hecho, “saignant” en francés. No se quedan atrás los postres, caseros, con la tradicional créme brulée (crema catalana) como estandarte.

 

Todo ello regado con un buen vino y acompañado por un servicio más que aceptable que le hacen sentirse a uno como en casa. Fíjense si es familiar que un día cerraron el restaurante y nos pidieron permiso para que la gente fumase, en un sano gesto de infracción de la ley anti-tabaco que aquí es mucha más restrictiva que en España.

 

El próximo día prometo comentar la cena en sí y presentarles a nuestros compañeros de mesa.